
Tristeza cuando al final de un espejismo te das cuenta que solo fue eso.
Tanta ilusión, expectativas, sueños y al final no hay nada.
Te encuentras ahí parado volteando a todas partes, intentando divisar aquello. Es todo en vano, porque la realidad es que se fue; nunca estuvo ahí realmente.
Reparas en que estas como al principio. Solo contigo y con nadie más aquella ilusión óptica solo existió en tu cabeza, en tu interior.
No hay nada que hacer entonces.
Sigues ahí sentado, desorbitado, esperando que en algún momento vuelva a aparecer. Con la esperanza absurda de que siendo ganes una batalla a la realidad tirana que una ves más te ha puesto ahí, ahí donde más te duele estar.
Ves la luna salir, adornar entero el firmamento.
Sigues ahí sin conseguir entender que sucedió. ¿Como fue que aquél espejismo apareció?, ¿Como no haber creído que no lo era, si todo apuntaba a una contundente realidad?, ¿Como no haberse aferrado?.
Era excepcional a los OTROS. El más grande y hermoso que hubieras visto.
Imposible haber creído que no era verdad.
Hubiera dado todo por haber llegado a él.
¿Como no sollozar?, ¿Como no lamentar la escabullida?.
...Perdido en la búsqueda y la inmensidad del desierto...
A oscuras con la cálida compañía de aquél astro confidente. Al que nada puedes esconder, el que todo y nada sabe.
Ahí estas incrédulo, ido. Intentando situarte en la realidad. Viendo amanecer, anochecer. Astros irradiando luz.
Esa luz que buscas día a día en lo profundo del ser, de tu ser.
Luz que te inspira a dejar el lugar del que hasta entonces no te has movido. Que te insta a cambiar de paisaje y no creer el engaño de tus ojos en la inmensidad del desierto.
Me gusto mucho Melbita. TQM
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